El conflicto armado representó para El Salvador uno de los capítulos más oscuros de su historia, un hecho que permanece vigente en la memoria colectiva de los salvadoreños que vivieron esa difícil etapa del país.

Han pasado ya 34 años desde aquel acontecimiento, quizá uno de los más dolorosos para el “Pulgarcito de Centroamérica”.
Las estimaciones de las autoridades y organismos de derechos humanos indican que este conflicto bélico dejó más de 70 mil fallecidos, cientos de desaparecidos y decenas de miles de exiliados que abandonaron su hogar y a sus seres queridos por el terror de las armas.
La Firma de los Acuerdos de Paz marcó un punto de partida para consolidar la democracia en el país, después de haber estado de rodillas ante la inclemencia de los fusiles. Fue el cierre de una era de confrontación entre los brazos organizados de la guerrilla y la respuesta del Ejército. Son acontecimientos que no se olvidan, porque constituyeron el inicio del camino hacia lo que hoy es El Salvador.

Además de poner fin a la guerra civil, la firma de los acuerdos dio vida no sólo a nuevos partidos políticos, sino que también sentó precedentes para la creación de instituciones fundamentales como la Policía Nacional Civil (PNC) y la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos. Asimismo, estableció que la Fuerza Armada debía retomar estrictamente su rol constitucional.
Con el paso de los años han surgido distintos escenarios políticos que han puesto en tela de juicio este acontecimiento histórico. Sin embargo, no se puede negar que fue precisamente este hecho el que permitió sacar a una nación que estuvo sumida en lo más profundo de la oscuridad. Miles de personas perdieron la vida y otras tantas lucharon para alcanzar la paz y dejar atrás el estallido de la guerra.
